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jueves, 19 de julio de 2012

Instantáneas V



Hugo

Hugo sabe que las relaciones sociales exigen cierta dosis de hipocresía y que para mentir de manera convincente es necesario creer, aunque sea mínimamente, en lo que se dice. Por eso no le presta mucha atención a Raymundo que ahora le dice: Caray, si te ves muy bien, hasta has engordado un poquito ¿no?
Hugo, de facciones afiladas y con expresión de fatiga, sorbe lentamente el popote de su jugo mientras sus amigos brindan con cerveza por su recuperación. Raymundo y Víctor se deshacen en sonrisas y comentarios de apoyo hacia él. Los amigos de siempre se sienten más cerca que nunca. Ahora es Víctor el que miente: nada más estamos esperando a que te pongas bien y nos vamos a festejar ¿Qué te parece?
Hugo oblicúa una sonrisa irónica y les contesta, despacio y sin inflexiones, como si se refiriera a otra persona y no a él: no voy a recuperarme nunca. No seas tan negativo, dice Raymundo. Víctor le repite, como ha venido haciéndolo desde que se manifestó su mal, que cuenta con ellos, sus amigos más cercanos -veinte años de experiencias comunes y confidencias compartidas-, para afrontar juntos este problema. Hugo contesta, desde la distancia que hay en su voz, que no los necesita.
Raymundo se incomoda y le dice que con esa actitud solamente va a retardar su recuperación. Víctor le pasa el brazo por el hombro y le dice que no se ponga en ese plan, que ellos lo comprenden pero Hugo lo interrumpe: ustedes ni siquiera pueden imaginarse lo que me está pasando. Se hace un silencio oscuro como la cerveza que Raymundo apura de un sorbo. Hugo mira abstraído el hilillo de burbujas que emergen de la cerveza rubia de su otro amigo. Si nos platicas, interviene Víctor, podríamos entender lo que te pasa, ayudarte. El destello inquisitivo de los ojos de Hugo, lo petrifica: ¿Crees que pueden comprenderlo?
 Víctor se inclina en un leve asentimiento. Hugo toma intempestivamente el tarro de cerveza rubia de su amigo y le escupe un salivazo espeso que poco a poco se disuelve en el líquido, dejando una pequeña mancha espumosa sobre la superficie dorada.
  -Tómatela, ándale- y dice con sarcasmo- a ver si me entiendes...
Víctor duda una eternidad. Raymundo no encuentra el pretexto adecuado para levantarse de la mesa. Hugo se abstrae de nuevo en este pensamiento recurrente: ¿por qué yo?
 ¿por qué a mí?
 ¿por qué?

miércoles, 19 de octubre de 2011

Instantáneas IV

Manuel

Ella se peina frente al espejo. Mientras desliza el cepillo por su larga cabellera oscura le vienen los recuerdos por oleadas. Se acuerda de Manuel y ella haciendo castillos de arena en la playa. De las vacaciones en que Manuel la enseñó a montar a caballo. De la noche que la recriminó por llegar tarde y de la mala cara que siempre le ponía a sus novios. Quiere mucho a Manuel pero le disgusta que sea un hermano celoso. Ella lo entiende porque crecieron juntos y nunca se han separado. Ni cuando murió mamá. Piensa todo esto mientras se cepilla y luego cuando deja el peine y empieza a trenzarse el cabello parsimoniosamente. Piensa que debe ser fuerte y no mostrarse llorosa frente a él. Piensa solamente en las cosas bonitas que vivieron juntos. No quiere recordar que fue ella quien lo enseñó a maquillarse ni de la noche en que papá lo corrió de la casa. Ella sólo quiere pensar en las cosas agradables. Se acuerda de la sonrisa de Manuel acariciando su pelo suelto. Desde que tenía doce años ella sólo se recorta las puntas cada dos o tres meses. A pesar de que él se lo dejó crecer y lo cuidó con el mismo esmero, nunca tuvo un cabello tan bonito.

En ese momento, Angel entra a su cuarto para avisar que Manuel quiere hablarle. Ella dice que no tarda. Aunque se le hace un nudo en la garganta se aguanta las ganas de llorar. Toma unas tijeras del tocador y se corta la trenza. Cuando entra al cuarto de Manuel, el doctor le dice, en voz baja, que se despida antes de que le inyecten un sedante a su hermano. Ella pone la trenza entre sus manos y Manuel hace un gesto que se agota antes de ser sonrisa. Cuando sale del cuarto, Angel está llorando y se le acerca para abrazarla y decirle: ¿por qué mejor no fui yo?     

martes, 24 de mayo de 2011

Instantáneas III

Rumba O

Hay quienes trabajan para vivir. Hay quienes trabajan para comprarse una casa o un coche. Los que vienen aquí, trabajan para reventarse. De miércoles a sábado, alrededor de estas mesas adornadas con margaritas, puede encontrarse la misma clientela más uno que otro colado: Gaby, que trabaja como instructora de aerobics y como modelo; las güeras que esperan la oportunidad estelar en el cine mientras aparecen en video homes; los dominicanos y sus novias de ébano; Hugo y sus compañeros de la bolsa; Manuel, Paco y su mesa repleta de amigos. Los mismos clientes de siempre menos uno.

domingo, 10 de abril de 2011

Instantáneas II

Araña en el Espejo


Fue un viernes de quincena, el día de mayor afluencia, no se me olvida. Revuelto el ambiente: el tabaco americano con los aromas empalagosos del sudor rancio. Las parejas se desparramaban de la pista, apretadas y confundidas en el vértigo de timbales y trompetas. Rubén, el mesero del arete, le abrió paso al mensajero fatal: un flaco serio de lentes y gabardina, sin ningún chiste. Imposible encontrar mesa.

sábado, 5 de febrero de 2011

Instantáneas I

Los que se van, tardan mucho en marcharse. Persisten escondidos en el gesto de algún otro, en el hueco gris de las conversaciones, en la letra de una canción, en la angustia del sueño repetido, en la vejez prematura de las fotografías.
En ésta, aparecen alrededor de una mesa, Paco y su violenta carcajada, abrazado de Manuel con barba negra y sombrero, abrazado de Hugo que levanta su vaso en un brindis eterno.

En la otra apareces tú, bailando con Angel.

Estas fotografías las guardo en un viejo álbum entre tarjetas de presentación y pétalos secos. Amontonadas en un baúl, tengo otras fotos, cientos de ellas, de otra gente que ya no conociste y que también se me quedaron.

Yo, que las tomé, no aparezco nunca. Me basta con recordar cómo eras entonces.

¿Y si hubiera aparecido yo? ¿Y si fueran ustedes los que me estuvieran viendo?

¿Qué pensarían?