miércoles, 23 de diciembre de 2020

El parpadeo de las palabras*


 

La poesía es una subversión del lenguaje. El discurso poético −ritmos e imágenes que expresan emociones y sensaciones− va contra los siglos de racionalismo y lógica con que se ha construido la modernidad de Occidente. Sin embargo, en la fuerza de su concisión, la poesía a veces se atraviesa con el aforismo o con la sentencia filosófica. La paradoja resulta de que en el sinsentido del verso donde regularmente predomina la música, como en una especie de scat, a veces se encuentran verdades brillantes y pulidas como piedras de río.

        Algo semejante sucede en los versos y prosas de Así hablaba Zaratuxtla, de Amílcar Zúñiga. En sus páginas el lector encuentra un borbotón de palabras, un remolino y una desbandada que en su articulación, en su confrontación, construyen su sentido; como la lluvia que bajando de las montañas se vuelve caudal. A veces son gritos o imprecaciones que celebran el tropel de la sangre por las venas o cantos de aves fascinadas por la luz.

Dicen que tuve Covid


 Para Luis Fernando Borja Hernández:

enfermero, doctor y maestro.

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Duermo mal. Despierto con una fuerte punzada en el pecho. Como cuando al correr se siente lo que llaman “dolor de caballo”, pero en un nivel superlativo, a lo cabrón. Se me dificulta respirar. Mientras más quiero jalar aire más me duele. Pienso que es el esófago (los días anteriores he bebido mucho y comido poco), la vesícula o incluso que tengo rota una costilla (un dolor semejante, pero éste es más agudo y más intenso cuando aspiro).

Acudo a un hospital privado a hacerme una tomografía para saber la causa del malestar. La doctora con las imágenes en la mano me dice muy seria.

−Tiene Covid, aquí no tratamos esa enfermedad, necesita irse a un hospital donde lo atiendan.

−¿Cómo sabe que tengo eso si ni siquiera me ha hecho una prueba? –le replico.

−Las lesiones que presenta el pulmón sólo las provoca el Covid.