miércoles, 28 de junio de 2017

La bondad de la brevedad*

A las flacas se las lleva el viento.
Jorge Antonio García Pérez.
Cofradía de Coyotes. Minificciones.
Abril de 2016.

Decía Baltasar Gracián: "Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si breve, no tan malo." Y esa apreciación se cumple a cabalidad en la redacción de un cuento. También Tito Monterroso, que de cuentos sabía todo lo que es necesario saber, decía que mientras más claridad se tenga en el tratamiento de un tema, más cortos salen los textos. Tal vez por eso en la factura de una buena minificción se conjuntan cualidades tan encontradas como la hondura y la claridad, para poder alcanzar la contundencia.

domingo, 25 de junio de 2017

Ruvalcaba tallerista o el ejercicio de la maestría*

Nos contaba Eusebio que de niño, una tarde lo encuentra su padre tirado de panza en el suelo, escribiendo en un cuaderno azul que decía “Mi escuela”. Don Higinio le pregunta:
—¿Y qué escribes?
—Historias que se me ocurren.
—Eres como yo —le dice don Higinio—, que cuando hago música, también escribo “lo que se me ocurre”.


miércoles, 21 de junio de 2017

El centro de la experiencia

No muchas aves cantan en la oscuridad.
Enrique Ramírez G.
Gorrión Editorial
México, 2016

La labor del poeta es la minuciosidad de un imposible. Una especie de relojero del alma. No porque se encargue de reacompasar esta sustancia, sino porque es capaz de fabricar el artefacto verbal que la expresa. De los materiales más sublimes o de los más burdos, o de la conjunción de ambos, como del ala de una mosca panteonera, el poeta obtiene ese atisbo de lo intangible que distingue su trabajo. El resultado es insólito. ¿Pero cómo lo logra? 

martes, 20 de junio de 2017

Mi versión del asunto

(Los humedales de Ojeteperro VIII)
Salón Nueva York

Podría decir muchas cosas acerca de Érika, pero seguramente se me acusaría de desmesura. Por eso voy a atenerme simplemente a los hechos. Y nada más que a los hechos de aquella noche de los años ochenta.

 En principio quiero aclarar que no la llamo por su verdadero nombre, no porque me sienta un caballero ni tampoco porque sufra de amnesia, sino simplemente porque no quiero abonar a las malas interpretaciones sobre la vida y afectos de los escritores —desde Rubén Salazar Mallén, pionero de las malas palabras en la literatura mexicana, hasta Humberto Guzmán, narrador becketiano y fisicoculturista, pasando por el director y varios alumnos de la Escuela de Escritores—, que nos sentíamos imantados por la personalidad y el talento de la Reina Roja.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

La unión de los opuestos*


Fuck me, Nancy.
Arturo J. Flores.
Revista Marvin Tinta Sonora.
Milvoces/Secretaría de Cultura.
México, 2016.

Fuck me, Nancy aborda un tema muy antiguo, el del amor; pero no cualquier amor, sino del disparejo amor que nace entre individuos de generaciones distintas. Ese sentimiento que para cristalizar, en el mejor de los casos enfrenta el obstáculo de la falta de entendimiento entre las edades; y en el peor, enfrenta hasta la imposibilidad física.

martes, 27 de diciembre de 2016

Imágenes y palabras de las escuelas de la Montaña

Mira mi escuela, reflexiones sobre espacios escolares.
Miguel Reyes Pérez y Diana V. Solares, coordinadores.
Ediciones Axólotl.
México, 2016.
 
Con la coordinación del Maestro Miguel Reyes Pérez y de la Doctora Diana V. Solares Pineda, se acaba de publicar Mira mi escuela, reflexiones sobre espacios escolares.

Desde la región de la Montaña en Guerrero, una decena de trabajadores de educación de distintas escuelas, muestran a través de imágenes tomadas por ellos mismos, sus centros de trabajo y los estudiantes a los que enseñan y con los que conviven diariamente. A cada imagen la acompaña el texto de un escritor. 13 fotografías y 13 textos que dan cuenta de la realidad de escuelas, que son -como dice Elsie Rockwell en el prólogo- “refugios únicos que brindan seguridad y sostienen el tejido social rural.”

sábado, 24 de diciembre de 2016

Veneno mata veneno*

Dark Dealer.
Gran Dao.
Star Pro.
México, 2016.

Hace mucho años tuve una discusión con una escritora de cuyo nombre no quiero acordarme. Yo la había invitado a un programa de televisión en el que se hacía promoción de la lectura. “Se trata -le expliqué-, de mostrar que los libros no muerden”. Ella me contradijo: “los libros sí muerden; dejan la marca de sus colmillos en el alma”. Con el tiempo he podido constatar que la escritora tenía toda la razón. Por lo menos en cuanto se refiere a los buenos libros y en especial a la poesía.