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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Desde las puertas de La Sorpresa IX y última

Una calle peatonal
Por Madero corren ríos de gente. Los empleados de saco y corbata a quienes se les hace tarde para el trabajo, los transeúntes despreocupados que van de compras o de ligue, los que se toman fotos con las estatuas vivientes o con las botargas, los que se van de pinta en las mañanas, los darkis que venden rosas negras, los apocalípticos que recitan pasajes de La Biblia con megáfono, los concheros que van sonando sus ajorcas de cascabel, los que se ponen la verde de la selección y los que prefieren la legalización de “la verde” de la nación, los que se sienten orgullosos de ser mexicanos y hasta los que se espantan con la sola mención de la patria.

jueves, 30 de enero de 2014

Desde las puertas de La Sorpresa V

Al paso de los pelados

Una fría mañana de invierno, el General Francisco Villa camina por en medio de la avenida más famosa de la Ciudad de México. Va en compañía de los generales Felipe Ángeles, Rodolfo Fierro Fierro e Isabel Robles, y seguido por una pequeña escolta de soldados de la División del Norte, de una banda militar y de decenas de curiosos que se le han ido sumando, y otros que aplauden a su paso. Va a develar una placa que cambia la nomenclatura de una calle conocida por tres nombres: Plateros-La Profesa-San Francisco, por la del Apóstol de la Democracia: Francisco I. Madero.
Desde la muerte del presidente mártir en febrero del año anterior hasta este martes luminoso de diciembre, miles de mexicanos de distintos lugares del país y de diversas extracciones sociales han venido luchando por reivindicar lo que representa este hombre de frente abultada, ojos pardos y expresivos, piocha francesa y movimientos nerviosos que inspira confianza a primera vista. Aunque muchos de sus contemporáneos afirmaban conocerlo bien, ¿quién era en verdad Francisco I. Madero?