Durante más de dos décadas, de los cuarenta a los sesenta, su casa fue punto de reunión de los personajes más encumbrados de México, que iban en busca de diversión y de placeres. No importaba que se mudara de la colonia del Valle a la Narvarte, o de la Nápoles a la Condesa, su ánima y su estilo hicieron época en la vida nocturna de la Ciudad de México. Graciela Olmos, La Bandida, era un nombre prohibido en los hogares decentes, pero que los hombres solteros o casados conocían por lo menos de oídas cuando se hablaba, en la discreta escapada o en el júbilo de la parranda, de los misterios del sexo.
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lunes, 30 de diciembre de 2019
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