El incesto es un
deseo atávico que muchas sociedades y religiones han intentado controlar con
maldiciones, anatemas, traumas y argumentos científicos que afirman que los
hijos de quienes incurren en esta práctica nacen con taras que les provocan
desde hemofilia hasta cretinismo. Sin embargo, este deseo nace de una costumbre
que se pierde en la noche de los tiempos o entre los esqueletos que cada
familia esconde en sus armarios.
En la Biblia, el incesto es uno de los temas más recurrentes, comienza con Caín, que al parecer se casa con su hermana, pasa por Lot y Abraham, y muchos otros nombres que se permitieron “conocer” a sus familiares consaguíneos, sin ningún remordimiento, y en ocasiones con el único afán de mantener la estirpe.















