
2. El demonio interior
Me llamo Nicho y soy alcohólico.
Soy hijo de Jesús y de Araceli. Nací justo cuando habían pasado los tiempos más felices de mi familia y empezaban los míos. Vine al mundo una noche en que llovió a cántaros y el estruendo de un rayo que cayó en el patio asustó tanto a mi madre que del fuerte brinco se le rompió la fuente. La “Muñeca”, perra consentida de la casa, se puso a aullar como condenada y de los nervios se comió un zapato. Mi abuela Licha siempre afirmó que tanto estropicio era señal de que yo, como todos sus hijos, los hermanos de mi padre, iba a salir buen bebedor pero, a diferencia de ellos, mal pagador. Eso explica cabalmente por qué hasta esta tercera década de vida haya venido a saldar mis deudas.