
Las tres de la mañana y todo sereno. Proveniente de bares, restaurantes y cantinas que cierran sus puertas antes de las doce, la mayoría de los parroquianos de éste, el último bar de la nocturna Narvarte, ya traen varios brindis entre pecho y espalda. Situado en una esquina estratégica, los mayores atractivos de este antro son su horario y las muchachas que lo atienden. Se sirven brebajes que a duras penas soporta el paladar (rones quitamanchas, brandis lavatripas, vodkas con sabor a aditivo), pero que hacen las delicias de quienes se encuentran en el clímax de la odisea báquica. Las muchachas no parecen menores de 30 ni mayores de 55, aunque haya algunas de edad indefinible. A pesar del fresco nocturno, visten minifalda negra y blusa roja.















