lunes, 26 de octubre de 2009

Responso al Corazón

Al fin te rompiste y no quedó de tu antiguo esplendor nada más que un despojo sanguinolento.

Eras sólo una víscera que sirvió de pretexto a cuentistas cursis, y de puerta de acceso a órganos más divertidos.

Un fruto manoseado por poetas de reputación dudosa, viejas meretrices y ancianos de clavel en la solapa.

¡Cuántas estupideces se cometieron en tu nombre!


Tu tartamudez de sístole y de diástole sonaba detrás del impostado “te amo” de las radionovelas.

Mantra de los sentimentales, viagra de los románticos, remendador de hímenes imaginarios, instigador de atroces trovadores.

Con tus amargas mieles y tus rosas de merengue nos hiciste creer que la vida se nos brindaba como un postre cuando en realidad era una copa rebosante de ponzoña.

Nos engañaste por años con tu disfraz de falaces metáforas.

Debieron condenarte por mustio y cacofónico.

Hoy eres simplemente un actor pasado de moda que repite su monólogo en un foro vacío.

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