jueves, 5 de junio de 2014

Los abismos del alma



“La niña inmóvil”.
Rafael Cruz.
Instalación, 2014.

El jueves 2 de agosto de 2012 desapareció Johana Belén Otazu, de 15 años, en La Plata, Buenos Aires. Johana medía 1.55 mts., pesaba 52 kilos, y como seña particular tenía una pequeña cicatriz en el pómulo izquierdo. Esa misma noche, sus padres, Gilberto Otazu y Cintia Méndez, llamaron a la policía para iniciar la búsqueda.

Esta desaparición no sólo movilizó a los agentes del Departamento Judicial de La Plata, sino que también dejó una honda huella en la memoria de un artista plástico mexicano, Rafael Cruz Ibarra, quien por esos días se encontraba de visita en Argentina.
Las fotografías de Johana en los diarios, tal vez le removieron las fibras más sensibles a Rafael Cruz y le hicieron recordar a otras niñas mexicanas de semejante complexión, estatura o edad, también desaparecidas sin dejar rastro; o tal vez esa ausencia trágica le recordó la pérdida de su propia infancia. ¿Quién puede saber cómo opera el proceso creativo en la mente de un artista? Quizá ni él mismo lo sepa.

La cuestión es que el hecho referido dio origen a una instalación intitulada “La niña inmóvil”, conformada por fotos impresas, titulares de periódico, gráficas, dibujo sobre madera y 10 poemas impresos en papel algodón.
Los poemas están compuestos a partir de titulares de 200 periódicos de 2013, a manera de un collage futurista. El resultado no puede ser más desconcertante:

IV. De la prensa
1.
“La clave para llevar una vida feliz en no tener imaginación”
“Hay vocación de someter al que piensa distinto”
“Una vocación de someter”
 “Son mejores que nosotros, ésa es la explicación”
“Tengo miedo de que ahora mi ex pareja cumpla con su promesa y me mate”
 “Lo mataron como a un perro y es un número más”
 “Lo mataron como a un perro”.
“Lo que hay enfrente no importa”.

Sin embargo las fotos, la gráfica y los dibujos provocan un auténtico escalofrío en el espectador. En una sucesión fantasmal aparecen los rostros y las historias de varias niñas desaparecidas que, como las ánimas benditas, hablan desde un purgatorio demasiado próximo pero de imposible acceso.
“Fue vista por última vez el jueves a las 16:20 al salir de la escuela en Villa Devoto y es buscada por las autoridades que dispusieron el alerta debido a que debe ser medicada, informó el Consejo de niñas y niños y adolescentes del gobierno porteño. Se trata de Victoria Virginia Guzmán Mata de 1:57 metros de altura. Vestía pantalón de “jogging” negro, pollera blanca y buzo azul.”
Rafael Cruz (Cuernavaca, Morelos, 1982), ya había abordado panoramas de semejante desolación en exposiciones anteriores usando medios poco convencionales como la videoinstalación y la bitácora de artista. A través de su obra se ha asomado con detenimiento y hasta con fascinación a los abismos del alma donde otros creadores prefieren volver la cabeza.

Así ha venido demostrando que los dominios de su arte se encuentran muy lejos. Allá donde las cosas siempre están a punto de romperse. En el vértigo del caos, donde también se engendran las estrellas.

1 comentario:

  1. Felicidades al artista Rafael Cruz. Larga vida a los hombres sensibles, a los espíritus delicados, a los creadores que desde el dolor nos recuerdan que en este barco que se llama Tierra vamos juntos.

    ResponderEliminar