martes, 22 de diciembre de 2009

El derecho a la felicidad

Mientras la Iglesia Católica y los panistas continúan oponiéndose al matrimonio entre personas del mismo sexo, la vida sigue su curso. Los ciudadanos, sin importar su género o clase social, siguen conociéndose, enamorándose y uniéndose aun cuando sus parejas no sean reconocidas por la ley.

En la Delegación Gustavo A. Madero, apenas el pasado 18 de diciembre se llevó a cabo la formalización de la septuagésima sociedad de convivencia. A las 13:27 horas de ese viernes, José Guadalupe Gomes Rico, de 23 años, y Gustavo Santillán Salgado, de 38 años, firmaron lo documentos que los acreditan como pareja ante la ley.

Gustavo y José Guadalupe se conocieron hace apenas unos meses en un establecimiento comercial. Gustavo buscaba bombillas para la iluminación doméstica y José Guadalupe lo ayudó a elegirlas e incluso a instalarlas en su hogar. Ahí nació una tierna amistad que poco a poco los llevó por los caminos insospechados del amor. Como buenos Géminis y Libra, socializaron de inmediato, puesto que ambos son comunicativos y versátiles, y descubrieron que deseaban unir sus destinos.

Gustavo es profesor y funcionario del gobierno del D.F. Ha hecho estudios en Teología y en Historia. José Guadalupe está terminando la carrera de Contador Público. Ambos son personas serias y trabajadoras, muy apreciadas por sus amistades.

Con el paso de los días, Pepe y Gustavo decidieron formalizar su relación en una Sociedad de Convivencia, ya que de acuerdo con sus propias palabras: “esta sociedad implica garantías jurídicas de protección, como en el caso de una cuestión médica, un accidente, ya el uno o el otro tiene la tutela médica, para cuestión de la seguridad social, que ya el que tenga Seguro o ISSTE puede asegurar al otro. O la cuestión de la herencia, que ya en el caso de que a alguien le pase algo los bienes pasan a la otra persona, y en general todo el paraguas de protección que eso significa”.

En la oficina de las Sociedades de Convivencia de la Delegación, los contrayentes lucieron con la formalidad que ameritaba la ocasión. Gustavo usó un traje oscuro con fina camisa y corbata blanca, que acentuaban la firmeza de su carácter a la vez que la pureza de sus sentimientos. En cambio José Guadalupe llevó un atuendo más casual: pantalón oscuro y un suéter blanco, que mostraban su parte sensitiva, con el detalle de unos lentes azules que expresaban lo jovial de su temperamento.

El licenciado que los atendió y que hizo las veces del juez, les explicó los derechos y las obligaciones que conllevaba esta ley. Asimismo los exhortó a mantener el sano desarrollo y la convivencia de la pareja. Por último, les comentó que se les informaría en caso de que se modificara el código civil del Distrito Federal para ver si quieren formalizar el matrimonio civil.

Los novios expresaron su deseo de que en un futuro puedan convertir su unión en matrimonio, si es que los legisladores llegan a un acuerdo al respecto. Sin embargo comentaron la diferencia entre la sociedad de convivencia y el matrimonio: “La Sociedad de Convivencia no hace ningún énfasis en el género ni en la preferencia sexual, puede ser hombre-hombre, mujer-mujer, hombre-mujer, etcétera. Esta sociedad puede establecerse incluso entre parientes, en el sentido de ofrecerse protección, o entre amigos. No tiene un carácter necesariamente sexual. Por ejemplo existe el caso de dos policías que acaban de hacer su sociedad de convivencia, y no porque sean gays o bisexuales, sino simplemente porque están solos y les conviene formalizar su unión para asegurarse todo tipo de protección.”

El banquete de bodas tuvo lugar en la calle “Camino de la Prosperidad” de la colonia Campestre Aragón. Acompañaron al ágape amigos y familiares del novio Pepe, y un nutrido número de compañeros maestros del novio Gustavo, quienes expresaron sus bendiciones para esta singular pareja.

La señora María Cristina Ledezma, reconocida cocinera, mostró sus artes culinarias en la preparación de varias cazuelas de los más sabrosos guisados: chorizo con papas, tinga de pollo, rajas con papas, chicharrón en salsa verde acompañados de suculentos frijoles y el infaltable arroz, así como dos salsas que en sus sabores simbolizaban los claroscuros del matrimonio: la roja y picosa como los días de pleito y diferencias, y la dulce de chipotle como las horas de reconciliación y ensueño. También el pastel de chocolate y crema chantilly hizo un lindo homenaje a la feliz pareja luciendo su fotografía impresa en la oblea del centro.

En la fiesta se bailaron ritmos de moda y más antiguos, desde las sensuales cumbias y reguetones, hasta las norteñas y de banda, pasando por toda clase de rock. Los invitados, en su mayoría profesores de nivel medio superior, demostraron que también saben dar cátedra en la pista.

Ahí, entre los brindis de sus amigos y amistades, los novios expresaron convencidos que las uniones del género que sean, son un derecho, y que “los derechos están por encima de las ideas personales o de las ideas religiosas de cualquier persona, que también son respetables, pero por encima de ellas y de las creencias religiosas está la libertad de todos los mexicanos”.

De acuerdo con los comentarios de algunos de los invitados, los festejados formaban una pareja tan armoniosa, que se complementaba de manera tan natural, que si en un futuro a este tipo de parejas se les permite la adopción, ellos quisieran ser adoptados por Pepe y Gus.

En este evento se obsequiaron curiosos souvenirs. Un platito de aluminio pulido como espejo, que lleva grabado en las orillas: “Nuestra boda”, y en el centro los nombres de ambos contrayentes, así como la fecha.

La fiesta terminó casi de madrugada cuando por fin se despidió el último invitado y dejó solos a los novios para disfrutar su noche de bodas y planear el destino de su próxima luna de miel.

Después de todo, aunque no esté consagrado en la Constitución ni en Código alguno, el derecho a ser feliz es el objetivo que toda pareja busca cumplir, ya sea del lado, o en contra de las mismas leyes.

Epílogo: Apenas ayer 21 de diciembre de 2009, en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, con 39 votos a favor, 20 en contra y 5 abstenciones, se aprobaron las reformas al Código Civil que permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo.

6 comentarios:

  1. Muy buena crónica amigo Perrete.
    Saludos desde la Gran Cutzixúcuaro.
    "Vindicta nemo magis gaudet quam femina" (Juvenal)

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  2. te felicito por esta crónica, está ecelente, si aprovechaste las clases.
    saludos.
    atr

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  3. Pepe es una persona integra, te queremos...arriba pepe

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