De adioses y otros licores.
R. Israel Miranda.
Star/Pro, 2013.
Luis Cardoza y Aragón afirmó que “La poesía es la única prueba concreta
de la existencia del hombre”. Lo que a primera lectura podría parecer dislate,
hipérbole o contradicción, en realidad encierra una verdad del tamaño de una
catedral. La poesía, sin lugar a dudas, representa uno de los más altos
productos del intelecto humano.
Tan solo por poner un
ejemplo, basta con mencionar que en la elaboración de una simple metáfora (una
de las dimensiones del poema) entran en feliz conjunción los hemisferios
cerebrales. El izquierdo que aporta la comprensión y expresión del lenguaje,
así como la memoria musical; y el derecho que incluye la comunicación emocional
y la memoria visuoespacial. Así que en el frenesí de este intercambio sináptico
se pueden engendrar versos como éste: “y el silencio es un filo de navaja”. Al
proceso que les da forma le llamamos imaginación; y a su producto, creación. En
ella se cristaliza una nueva realidad, tan abstracta y compleja como una
ecuación de tercer grado.
