lunes, 29 de diciembre de 2025

De madrugada en ninguna parte. Capítulo 7. Ángel Cadena



7. La comprobación

El reloj de mi BlackBerry marcaba tres y cuarto. Desperté con un ligero dolor de cabeza. Estaba acostado con Karen en el sillón. La luz de la luna plateaba el contorno de las cosas. Los vasos sobre la mesita del living emitían un extraño resplandor. No recordaba haber apagado la luz. Me levanté con cuidado. No quería despertar a Karen que dormía vestida, con los ojos abiertos y una leve sonrisa satisfecha. Tampoco recordaba haber tenido sexo con ella. Le pasé la mano por encima de la cara tres veces pero seguía profundamente dormida.

Me asomé al balcón. Tenía la cabeza revuelta. Si bien podía recordar el lugar del estudio y hasta el nombre del hotel ahora tenía problemas para definir cuál era la realidad. ¿Lo que ocurría en mi sueño? ¿Lo que había visto en los grupos de enfoque? Ambas dimensiones estaban conectadas por la maldita pastilla. ¿Pero cómo era posible que no continuara dormido como Karen si había tomado más pastillas de Onirox que ella?

domingo, 28 de diciembre de 2025

La Piedra y el Agua

Territorio de uno mismo.
Odín Hernández Ortiz.
Fa Editorial.
México, 2025.

Sostenía William Faulkner que la mayoría de los narradores son poetas fracasados, que se iniciaron en la escritura de versos. No es éste el caso de Odín Hernández, quien empezó al revés, es decir escribiendo cuentos hace más de 10 años. Tampoco se podría asegurar que es un cuentista fracasado porque esa concisión, esa economía del lenguaje y esa tensión que pide el cuento, las fue decantando hasta colocarlas en la piedra preciosa del poema.


Se puede decir, en cambio, que Odín se aferró a escribir una poesía tan concentrada, transparente y fresca como una gota de agua. Una gota que en su persistencia fue horadando esa roca que es la página en blanco, en donde plasmó expresiones, ritmos y metáforas que dan cuenta de las verdades agridulces de la vida.

A una muchacha palestina


No hay jardín donde florezcan tus abriles

ni plazas donde arome tu belleza

a tu candor lo desplazó la bajeza

de la calle donde pasan fusiles.