lunes, 23 de diciembre de 2019

El hombre es fuego y la mujer estopa*

En la cultura mexica solo los hombres y las mujeres de edad podían beber pulque en las fiestas, refiere Fray Bernardino de Sahagún, en su Historia general de las cosas de Nueva España, que ya “estando borrachos, comenzaban a cantar; unos cantaban y lloraban, y otros cantaban y habían placer (sic); cada uno cantaba lo que quería, y por el tono que se le antojaba; ninguno concertaba con otro.”

Doce razones para leer Cualquiera puede matar

Conocí a Pterocles Arenarius hace casi 35 años, en el taller de Edmundo Valadés, y desde entonces hemos mantenido una entrañable amistad, resistente a las diferencias y sinsabores de la vida. Tal vez por eso y porque realmente he ponderado el valor de su obra desde que empecé a leerlo, sea yo el menos indicado para hablar de sus libros de manera objetiva. Sin embargo en esta ocasión, el reconocimiento y la valoración que autores de la importancia del maestro de escritores Agustín Ramos, del historiador y poeta Sergio García Díaz o del doctor en sociología Fernando Beltrán, han hecho acerca de su más reciente novela, me incitan a sumarme al aprecio general que está obteniendo su literatura.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Duelo de memorias*

¿Te acuerdas de Las Navajas?, le pregunto a mi compadre Tereso, quien siempre presume de buena memoria.

Me contesta que sí, cómo no, sobre Eje Central antes de llegar a Garibaldi.

Ahí estuvimos un martes de septiembre del 92, le digo para apantallarlo.

La necesidad de la escritura

Cráneo de jabalí.
Sergio García Díaz.
Editorial Cisne Negro.
México, 2019.

Conocí a Sergio García Díaz en 2007, justo cuando hicimos la antología Que el tiempo lo decida, en la que Alberto Vargas, Javier Serrato y un servidor, reunimos textos para conformar un muestrario de narrativa que Alfredo Giles se negó a prologarnos porque dudaba de la calidad de los mismos. Finalmente Eusebio Ruvalcaba se discutió con las líneas introductorias que, entre otras cosas advertían: “es importante para el escritor ver sus líneas publicadas, porque a partir de ahí los errores saltan como palomitas de maíz puestas en una sartén al esplendor del fuego”.


miércoles, 18 de septiembre de 2019

*LA SERPIENTE Y LA SANGRE

PRIMERA PARTE 

Del corazón del hechicero Copil
 

nació el tenochtli de la tuna roja.

Ahí sobre un islote el águila


cortó en pedazos la serpiente.

Sobre ese lago de sauces y peces blancos

se plantó la semilla de una ciudad

como se planta un árbol.

Año diez-casa, dieciocho de junio de mil trescientos veinticinco.

(Año 10-Casa; 18 de junio de 1325.)

martes, 3 de septiembre de 2019

Un hombre acodado en la barra*

Se miró en el espejo: el cabello crespo y revuelto, las cejas y la barba con la incipiente invasión de las canas. Le habría gustado encontrar el parecido con esa foto de Silvestre, pero nunca se sintió tan grande como el magnífico compositor, quien también se sentía empequeñecido frente a la barra. Pensó que si con alguien le hubiera gustado compartir el trago sería con aquel gigante que había bebido muchas veces con don Higinio, primer violín de la sinfónica y padre amoroso que en su lecho de muerte le dejó una singular herencia. En ese instante evocó aquella tarde a los 24 años. El cuarto estaba en penumbras. Su padre respiraba áspera y fatigosamente.

miércoles, 7 de agosto de 2019

Que anduve por ahí de bar en bar*

Usted me cuenta que para ayudar a papá que era cantante de ópera y apenas ganaba 17 pesos cantando en las misas, mamá Margarita daba clases de piano y de solfeo; que papá Pepe después de sus ensayos nocturnos en el estudio de su casa en la colonia Clavería se encerraba a beber a escondidas, y que otras noches llegaba con sus copas a despertarlo para platicar de la vez que había compartido el escenario con María Callas y Giuseppe Di Stefano en la Carmen de Bizet, o de cómo se decía salud en varios idiomas y repetía alzando el vaso de Ron Potrero con Coca Cola: cin cin, italiano, santé, francés, prost, alemán, y los dos se aguantaban las carcajadas para no despertar a nadie cuando contaba chistes y anécdotas de tenores y sopranos hasta que les daban las tres o cuatro de la mañana cuando a usted lo vencía un sueño cargado de música y aplausos que luego se interrumpía con el despertador anunciando la seis, y había que levantarse para ir a la secundaria con ojeras y paso de zombi.